Lothan hizo lo que aquel misterioso hombre encapuchado le había dicho que hiciera, con amenazas de muerte incluidas si osaba revelar a alguien la fórmula secreta del conjuro. Así pues, justo a aquellas altas horas de la madrugada, arropado por un inquieto silencio solamente quebrado por el ruido de unos lejanos grillos, colocó una trémula mano sobre la roca verde y estriada que le había descrito aquel anónimo personaje, bajo un gran álamo a tres kilómetros de dónde él tenía su aburrido y rutinario puesto de vigilancia. Cerró los ojos, no sin antes pensar si lo que estaba haciendo era el error más grande de su vida, pero al hacerlo, le vino a la mente aquellos preciosos ojos magenta de la joven de la cual aún no sabía el nombre, aquella voz de turbia miel, más misteriosa que el misterio mismo, y su dulzura. Valdría la pena volver a verla, sí, tenía que verla de nuevo, bajo el precio que fuera. Aquella era su última oportunidad de ser feliz.
Empezó, entonces, a recitar la fórmula mágica, con un tono de voz seguro y ansioso.
Yore Varmal Fost
Ank tyru Lua
Ore Ruma Wost
Varmal Entulah
Otra vez aquel desagradable Paso.
Empezó a dar vueltas sobre si mismo, como si fuera arrastrado por un viento implacable. Pero aquella vez no se sintió flotando sobre una especie de Nada grisácea, por suerte, sino que directamente notó como si su cuerpo, de forma un tanto extraña, se expandiera en millones de átomos independientes hasta perder su conciencia individual, y luego al cabo de un tiempo volviera a reunirse una vez se encontró de nuevo en tierra, una tierra fría y yerma bajo su cuerpo. Sin sufrir ninguna secuela, solamente una especie confusión, como si hubiera despertado de un molesto y largo sueño, abrió los ojos.
¡Era de día y por la mañana!
El Sol brillaba recién aparecido, aún dibujando en el cielo esos tonos violetas y carmesíes que anuncian el fin de las tinieblas. Se incorporó sobresaltado al observar que había ido a parar a un lugar muy diferente al que él se esperaba, aunque no tenía una noción muy clara de lo que había imaginado encontrarse. El enano sostenía una mirada sorprendida, moviendo la cabeza de un lado a otro absorto con aquel paisaje, desconocido para él, que se le representaba con todo su sencillo esplendor. Bajas colinas se alzaban a semejanza de túmulos aquí y allá, por doquier, cubiertas de verde hierba con grandes prados extendiéndose a su alrededor besados en ocasiones por riachuelos que, de repente, desaparecían en el interior de reducidos bosques de árboles jóvenes y vigorosos, todos frutales: cerezos, manzanos, perales, naranjos, limoneros, ciruelos...dispuestos todos en un orden natural, o sea, en un desorden armónico propio de una naturaleza jamás o raramente hollada por el ser humano. El viento arrancaba de la mojada hierba, acariciada por el rocío, y de los árboles una melodía indescriptible en forma de dulces aromas y fragancias todas distintas que llegaban juntas pintando todas ellas un color nuevo que reflejaba aquel horizonte de esmeraldas vivas y brillantes.
De repente, como si hubiera despertado súbitamente de un gozoso sueño del que jamás querría despertar, una mano, con cierta brusquedad, se posó sobre uno de sus hombros, desde atrás. Lothan se giró hacia atrás de un sólo impulso, sobresaltado.
Era Ella, la melodía principal, la melodía más bella que le faltaba a aquella canción. Al observar sus ojos magenta, los cuales brillaban ahora con un misterioso fulgor, se levantó como un resorte y su corazón empezó a bombear frenéticamente volviendo así a su inquieto presente cubierto por la fascinación, alejado ya de toda dicha natural. Sin embargo, las palabras de la joven se le aparecieron duras y frías, hiriéndole como si se trataran de cuchillos de hielo.
-Lothan, te has retrasado mucho - dijo, con sequedad - El Archimago lleva esperándote mucho tiempo. Tienes suerte que se trata de un hombre paciente y de gran corazón.
El enano intentó serenarse ante aquella chica, ante aquella Yrissi de porte airado y orgulloso.
-¿Archimago? No sabía que la traición hacia la Orden hubiera llegado tan lejos - exclamó, intentando disfrazar sus nervios, su inseguridad, con una voz engolada muy forzada.
-Esto no te incumbe, ni te incumbirá hasta que no poseas la confianza del Archimago y de todos los miembros de Varmal Auténtico - respondió, procurando un especial énfasis a la palabra "Auténtico".
Acto seguido, de forma elegante y altiva, la joven empezó a caminar en dirección contraria a él sin dirigirle una sola mirada.
-Sígueme, tienes algo que hacer antes de poder entrar en Palacio.
¿En Palacio? Aquello era lo último que esperaba escuchar. ¿Tan importante era aquella secta como para tener en su posesión un palacio, aunque fuera creado con la magia de un archimago?
No daba crédito a aquellas palabras, por mucho que vinieran de la mujer que amaba, cuya actitud difería tanto de aquella que adoptó cuando estuvieron juntos durante la fiesta que había llegado a plantearse si se trataba de una hermana gemela. Sin embargo prefirió seguirla en silencio, tratando de alcanzarla, pues aquella, pese a ser bastante baja, andaba a grandes zancadas y a él, lógicamente, a causa de su anormal condición física, le era muy complicado seguir su ritmo por culpa de sus cortas y torcidas piernecillas.
Al fin llegaron a uno de aquellos pintorescos bosquecillos formados por un gran abanico casi inabarcable de árboles frutales, pudiendo casi saborear con su paladar el jugo de la fruta madura que colgaba, con majestad, de las delgadas ramas. Poco tiempo después llegaron a un diminuto lago, el cual estaba rodeado de todos aquellos árboles. Justo en el medio de éste estaba situada una isla rocosa sobre la cual se había colocado una rústica y humilde mesa con dos sillas, una de ellas ocupada por un voluptuoso individuo encapuchado, ataviado con una túnica color verde oscuro y con una máscara de negra madera que representaba el rostro de un lobo con las fauces abiertas y feroces. La joven paró de andar al fin, habiendo llegado ya a la pedregosa orilla. El silencio era casi absoluto, pues no se escuchaba el trino de ningún pájaro y prácticamente no soplaba el viento. Solamente el leve fluir del agua acariciando con suavidad la costa y las rocas de la isla era audible. Mientras tanto, la joven miraba a Lothan con una indiferencia y un gélido aplomo tal que ya le hería de una forma insoportable.
-Dirígete a la isla. Nuestro Señor te está esperando. Os dejo solos.
Dicho esto dió media vuelta y ya hacía ademán de marcharse cuando el enano, sin poder reprimirse más, la agarró por una mano.
- Dijiste que jamás volverías a rechazarme - dijo, con una mirada repleta de desconcierto - Y no solamente eso, sino que encima ahora me tratas como a un simple desconocido.
La muchacha frunció ligeramente el ceño y quedó algo pensativa, como si de repente hubiera recordado algo importante. Pronto volvió en sí.
-Ahora no es el momento para esas cosas, Lothan - replicó, con una dulce sonrisa - Ya tendremos tiempo para estar solos. Solos...tu y yo.
Al pronunciar aquellas palabras acarició el rojizo pelo del enano y, acto seguido, desapareció en el interior del bosquecillo, a grandes zancadas pero manteniendo siempre una forma de andar muy femenina y arrogante a la vez.
Lothan suspiró aliviado y sintió el calor del cariño ascender nuevamente hacia su pecho. ¡Seguía sintiendo lo mismo por él! ¡Le había acariciado el pelo! De pronto llegó a la conclusión que, solo por aquella sonrisa, había valido la pena realizar aquella locura, pues, por ella, hubiera hecho cualquier cosa, solo por ella. Su mirada, pues, se posó sobre la isla y observó como aquel misterioso personaje se hallaba erguido sobre una roca haciéndole señales con la mano derecha, invitándole a reunirse con él en la isla. Miró, entonces, a su alrededor y no, no había ninguna embarcación por los alrededores...¿Significaba aquello que se vería obligado a llegar a la isla a nado?
Por desgracia, aquello creía y, viendo como aquella figura le seguía haciendo ademanes de ir hacia él, no tuvo más remedio que sumergirse en el agua, y, por suerte, la profundidad del lago no llegaba a un metro. Así pues, a pesar de su corta estatura, pudo alcanzar la rocosa isla sin necesidad de nadar, yendo a pie, aunque por otro lado se había mojado sus ropas casi por completo. El enmascarado, pues, le hizo un cortés ademán para que compartiera mesa con él y, con una extraña calma que le abrumaba, Lothan se sentó ante él y cruzó los brazos esperando que el individuo de la horrenda máscara empezara a hablar. Aún no conocía la razón de por qué había sido llevado hasta allí, pero el solo recuerdo de la mujer que había amado desde la primera vez que la vio en la fiesta le dió coraje y seguridad ante aquella incómoda e imponente situación.
-Seguramente desconoces el por qué estás aquí, mi querido Lothan - dijo el extraño, con un tono de voz jovial y profundo a la vez - Nuestro único objetivo es el de liberar a Varmal del poder y de la mediocridad.
¿Quien era aquel hombre, si se trataba de un archimago de Varmal? Si así fuera, tendría que conocerlo por fuerza y, no obstante, su voz no le era nada familiar. En el rostro del enano, sin querer, cruzó una expresión de sorpresa y de desconfianza que aquel hombre debió captar a la perfección. Entonces, éste echó su cuerpo hacia adelante y le observó bajo aquella siniestra máscara de madera.
- Tu desconfianza es una reacción natural, tranquilo. Hasta este punto ha llegado la falsedad, el deshonor y la innobleza sobre el Mundo Espiral - espetó, con un hablar relajado y amargo - Bien, Lothan, concretemos algo las cosas. Prueba a decir "Traicionaré a mi señor Agros", con toda la convicción de la que seas capaz.
Lothan lo miró extrañado, levemente enojado.
-¿Por qué debería pronunciar estas palabras?
El hombre soltó una graciosa y desenfadada carcajada bajo su máscara.
-No te pido que le traiciones, solamente te ruego que pronuncies esta frase en voz alta y con convicción. Lógicamente eres libre de hacerlo o no.
El enano reflexionó durante unos instantes, pensando si tras aquello se albergaba una trampa o alguna artimaña sucia, planeada por el supuesto archimago. Pero ya que había llegado hasta allí por el amor incondicional que sentía por aquella mujer, no podía echarse atrás. Sin duda, él traicionaría a quien fuera con tal de conseguir el amor de la joven. Así pues, con seguridad y teniendo en mente a su Yrissi, empezó a entonar aquellas palabras.
Y fue justo terminar de pronunciar aquella frase cuando Lothan, de repente, sintió una agresiva punzada en el corazón, como si una daga se hubiera clavado sin contemplaciones en su pequeño pecho. Entonces, semi-inconsciente, cayó redondo al suelo y empezó a vomitar sangre con violencia cortándose su respiración de súbito, sintiendo como se ahogaba. Se le había paralizado el cuerpo y ahora se debatía en unos horribles espasmos. Iba a morir, y solamente imágenes deshechas, sin ningún sentido, se sucedían por su mente, nublándose su visión paulatinamente y derramando unas pocas lágrimas que aún eran conscientes de todas las oportunidades que había perdido en su vida, por las que ahora no podría volver a luchar para recuperarlas.
No quería morir ahora, era joven, no podía morir...
Una copa, entonces, fue introducida en sus labios, a la fuerza, por una mano firme y robusta, y un líquido ardiente y espeso bajó por su garganta con lentitud. Su cuerpo le pedía vomitar aquella sustancia horrorosa, pero algo le decía que aquella era su única tabla de salvación. Tenía que soportarlo, resistir a las necesidades de su estómago.
Y, por fin, después de treinta infernales segundos, pudo de nuevo respirar y sintió como aquel dolor insoportable que había sentido en el corazón, como si este se encogiera sobre sí mismo y se negara así a bombear, se le alivió por completo, en unos pequeños instantes. Su visión volvió a clarificarse y al notar que podía volver a moverse y que, excepto un pequeño mareo que le azotaba, volvía a sentirse bien, empezó a llorar de felicidad sin pensar en nada más que el hecho de volver a sentirse vivo, de haber burlado la muerte. El individuo de la máscara de lobo, el cual ahora le agarraba de la espalda y lo volvía a incorporar en su silla, se sentó ante él y empezó a hablarle con gravedad y una extraña calma, como si no hubiera pasado nada sobre la pequeña isla.
- Deja de llorar y escúchame, de lo contrario me veré obligado a matarte - aquellas duras palabras, pronunciadas con sequedad, tuvieron un efecto mágico. El enano, temblando aún por la emoción, contuvo sus lágrimas y le empezó a escuchar con atención - Recuerdas el rito por el que un futuro miembro de Varmal tiene que pasar para convertirse en uno de facto. ¿Cierto?
- S...Sí.
- ¿Recuerdas que hace 20 años, cuando Agros se convirtió en el gran maestro de la Orden, cambió las frases históricas que debe pronunciar cada archimago de Varmal colocando sus manos en la frente del aspirante, con el consentimiento de todo el Consejo, alegando que contenían un error histórico que tú mismo documentaste en uno de tus libros? - Al observar que, con una mirada confusa, Lothan asentía con rapidez, el hombre prosiguió, con un tono de voz casi burlesco - Todo eso era mentira. Se trata de un conjuro mortal que evita que cualquier miembro de Varmal se rebele contra su Señor y contra el Consejo y así le traicione. Poco a poco va tejiendo una maraña de miedo dentro del cuerpo del Miembro hasta que éste, a no ser que su voluntad sea de hierro como es, y así lo esperaba, tu caso, llega a ser totalmente incapaz de albergar pensamientos contrarios a los intereses de Agros y de sus archimagos - hizo una pausa, que a Lothan le pareció eterna - ¿Sorprendido?
- N....no es posible... - Lothan le miraba incrédulo, aún mareado por el efecto de aquel viscoso líquido que aún se revolvía en su estómago - Este tipo de conjuros están terminantemente prohibidos en el Mundo Espiral. Los seres feéricos...
El hombre enmascarado rió, resonando su risa de forma sombría bajo aquel temible rostro de lobo.
- ¿Los Seres Feéricos qué? ¿Evitarán que desaparezcamos de Espiral después de cómo les pagamos a ellos su hospitalidad y la piedad de volvernos a albergar en el mundo original que fue creado por ellos, para nosotros? Eres un ingenuo, Lothan. Desconozco cómo llegó Agros a conocer dicho conjuro, que luego fue incorporado bajo un supuesto antiguo cántico de Varmal, manipulando sutilmente la historia - al decir esto se levantó y con los brazos tras su espalda, observó los bosques que se alzaban rodeando el pequeño lago y su voz se tornó distante y melancólica - No me cabe duda que, por tus profundos conocimientos, conoces el nombre de dicho conjuro, Lothan.
El aludido se rascó la cabeza, reflexionando aún cuando se sentía bajo una enorme presión y una angustia que le era imposible controlar. Su mirada, hasta aquel entonces inquieta, se tornó en una expresión de terror.
- S...sí. A...Antes que Agros accediera al poder, recuerdo que...estuvimos estudiando los antiguos conjuros denominados "Conjuros de Vacío", mejor conocidos como...co...conjuros mortales. Recuerdo que este se llama... Muïlus, y sólo puede ser usado por alguien que... - se negaba a terminar de recordar lo que había aprendido siendo un joven estudiante, pero se obligó a sí mismo a ser fiel con sus pensamientos, y más ante aquella figura intimidatoria - por alguien que haya pactado con Feéricos Oscuros como los La...Lam... - no pudo terminar, enterrando sus manos en su rostro sudoroso y colapsado.
- Sí, Lothan, los Lamat. ¡Buena memoria la tuya! Efectivamente, Agros ha hecho un pacto con los Lamat para así conseguir subyugar toda Espiral bajo su mando, y en eso estamos totalmente convencidos. Lo que no llegamos a sacar en claro es el por qué de este pacto. Pero, sin duda, a cambio de algo que no sabemos, Agros ha conseguido ciertos poderes que a un simple mortal le son vedados - suspiró, con una especie de sonido gutural - ¿Y qué ganan los Lamat con todo esto? Nosotros creemos que, sencillamente, han convertido a Agros en un títere, usándolo como trampolín para echarnos a todos, de nuevo, hacia el Exilio. Seguramente Agros cree que los Lamat piensan que Varmal es la única Orden que tiene derecho a permanecer en Espiral, pero de lo que no se da cuenta es que, habiendo actuado de esta forma, ha caído en su propia trampa: él mismo ha acelerado el Caos en Espiral, que puede servir a los Lamat para expulsarnos a todos. ¿Entiendes ahora?
- Pero eso no tiene sentido - contestó Lothan, ya un poco más relajado - Los Lamat una vez penetran en Espiral, no pueden volver al Mundo Feérico. No les interesaría pactar con uno de ellos si, total, no pueden volver a su mundo original. Y si eso fuera cierto, podrían haber atacado ellos sin necesidad de usar a Agros, puesto que casi todas las Órdenes ya están suficientemente corruptas.
- Tú mismo lo has dicho: casi todas - hizo énfasis en la palabra "casi" con un tono de voz repleto de sorna - Varmal es, era, la única Orden que seguía funcionando de la misma formal que en sus orígenes, la única que no se había visto salpicada por el afán del poder. Pero con Agros... - soltó una pequeña y amarga carcajada - Pero ya basta de hablar, tengo la boca seca y por mucho que te siga contando cosas quizá, y con lógica, no te lo vas a creer, aunque existan evidencias tan palpables como aquel Conjuro que casi acaba con tu vida. Así pues...creo que ya va siendo hora de presentarme - De repente, el hombre se quitó, con rapidez, aquella pesada máscara de madera.
El rostro de Melack era sonriente, sus pequeños ojos brillantes y serenos, y sus brazos extendidos haciendo ademán de abrazar a su interlocutor. Lothan no pudo reprimir un grito de sorpresa.
- ¡Viejo amigo! ¡Soy feliz de ver que me reconoces! ¡Se te echa tanto de menos en la Cabaña...!
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Después de haberlo guiado por espacio de unas pocas millas, al fin Melack y Lothan ascendieron una gran loma verde de una considerable altura hasta que llegaron a una extensa cima que se extendía como un gran prado rodeado de rocas que marcaban el inicio del descenso. Allí, unos jardines se hallaban justo en el centro, plantados con mucha hermosura y delicadeza, y retozando con su colorido bajo el Sol del mediodía. La espesura de los jardines escondían lo que estos guardaban en su interior y, por lo que podía escuchar, unas tenues voces se alzaban sobre el ínfimo viento, pero sin duda eran casi inaudibles. Pese a ello, una vez se internaron entre las madreselvas y siemprevivas, entre otras plantas y árboles, el enano empezó a escuchar entrechocar de armas, galopar de caballos, risas, cantos y gritos bélicos.
¿¡Qué diablos estaba pasando ahí atrás?!
Llegaron entonces, por un camino muy bien cuidado y empedrado, a un rojizo y pequeño puente que sorteaba un sonoro riachuelo. Al cruzar el riachuelo, solamente fue preciso pasar bajo unos pocos árboles más y llegaron, al fin, a una gran plaza central construida de mármol y repleta de tiendas de colores. Lothan no podía dar crédito a lo que veía: ¡Cientos de hombres y mujeres se agrupaban alrededor de aquella superficie blanca como el marfil! Iban ataviados con armaduras, escudos, lanzas, arcos y flechas, jabalinas, entrenando y luchando entre ellos; y algunos se batían sobre caballos realizando justas en la parte anterior del gran patio con lanzas diseñadas con espirales de diferentes colores y formas.
-¿Qué significa todo esto? ¿De dónde diablos ha salido toda esta gente? - preguntó Lothan, mirando a Melack con los ojos abiertos como platos.
Melack se echó a reír, sin detener su paso, que ahora se dirigía hacia un sitial de piedra situado justo en el centro de la plaza, al que se accedía por unos altos escalones.
-Querido Lothan, llevamos cinco años esperando este momento, cinco años consiguiendo que mucha gente de Varmal abra los ojos. Estoy contento al observar tu sorpresa. Sin duda, significa que las cosas marchan bien - Melack, mientras hablaba, no parecía el mismo Melack que regentaba la posada. Su porte rezumaba una seguridad contagiosa hasta el punto de afectarle al propio Lothan. Entonces, una vez el archimago empezó a subir las escaleras, un increíble clamor de jubilosos aplausos, silbidos y alabanzas se alzó sobre aquella gran planicie. Todos los congregados fueron lanzando sus armas al suelo uno a uno, como rindiéndole pleitesía a la antigua usanza.
-¡Larga vida a Espiral! ¡Larga vida al mundo Feérico!
-¡Larga vida a Varmal y a las Órdenes!
Los jinetes, que ahora habían parado de batirse en justas, alzaban sus caballos sobre sus dos patas y gritaban alabanzas hacia Melack y hacia la libertad de Espiral. Aquel era un ambiente que emocionó mucho a Lothan, y que ya le iba despejando todas las dudas que tenía ante aquella secta que había nacido en el seno de Varmal. ¿Y si...no andaban tan desencaminados? Con su vista intentó encontrar a su amada, con agitación y sintiendo que su corazón se regocijaba ante aquella explosión de coraje, de jovialidad, de honor y de lealtad; pero al estar todos tan apretados, no consiguió encontrarla entre la multitud. Pero estaba convencido que ella vendría hacia él en cualquier momento.
-¡Gracias a todos! - al escucharse la voz de aquel hombre, el silencio se impuso de forma casi inmediata y todos observaron al archimago con atención, con los rostros iluminados por el fragor de una cercana batalla. El interlocutor estaba de pie sobre el sitial, y su rostro se había tornado grave y serio, como si quisiera apaciguar aquellos ánimos.
- ¡Yna! Aquí, como siempre, nos volvemos a encontrar y somos uno sólo de nuevo, un solo grito al viento en esta colina en dónde, antaño, los seres feéricos celebraban sus festividades y compartían sus sagrados alimentos, danzas, canciones y oníricas historias con nosotros, los humanos. Pero esos tiempos ya pasaron. Ahora solamente un silencio inquieto se extiende sobre nosotros. Como ya sabéis, la humanidad en el mundo Espiral corre un grave peligro, del que nadie es consciente excepto nosotros. Durante estas últimas semanas, a pesar del gran riesgo que esto en mi salud supone, he usado toda mi magia al límite y he mantenido reuniones herméticas con seres feéricos, los cuales ya rehúsan mantener contacto con nosotros en Espiral. Ahora mismo están reunidos en un cónclave, y es casi seguro que llegarán a un acuerdo de expulsión de la humanidad hacia el Mundo Ordinario por segunda vez en nuestra historia - un leve murmullo de desaprobación se extendió entre los presentes y Melack, apaciguándolos con unos gestos, siguió hablando con aquella voz profunda - Como todos sabéis, Agros, con su ruin corazón, junto con la corrupción de las Órdenes que pueblan Espiral encabezada por Wail, está desencadenando un segundo Exilio. Si esto ocurre, hermanos, al ser nosotros sus sueños, ¡Desapareceremos! - Melack propinó un fuerte puñetazo contra el respaldo del sitial - ¡Y todo por el hambre de poder, por la invasión de los Lamat y por la enorme traición y el tremendo homicidio de Agros! ¡Debemos volver a recuperar la esencia de las Órdenes Originales en Espiral para volver a tener contactos con el mundo feérico, como en los tiempos de antaño, cuando nuestra unión nos traía días de Ensueño, felicidad, armonía y amor! ¿Y cómo vamos a hacerlo?
Una voz varonil y airada se alzó sobre todas las demás.
- ¡Luchando por la esencia de Espiral! ¡Viva la humanidad y los feéricos, juntos de nuevo!
- ¡Viva! - contestó toda la multitud, en un grito uniforme.
- Bien dicho, Astaris. Hermanos, creo que ya estamos suficientemente preparados para pasar a la ofensiva. Si no lo hacemos ahora, ya no habrá vuelta atrás y nos despojarán de este, nuestro Mundo. ¡Ya basta de vivir en una farsa! ¡Basta de asentir y de seguir obedeciendo! ¡Ha llegado la hora de decidir por nosotros mismos nuestro futuro, que no es otro que devolver el ser humano a sus vínculos perdidos con la naturaleza y con los que nos soñaron! - el rostro del posadero era irreconocible, pues su rostro estaba congestionado por la emoción y la ira - ¡Mañana atacaremos! ¡Mañana venceremos!
Entonces todos, a la vez, como si hubieran obedecido a un mismo pensamiento, recogieron de nuevo las armas que habían lanzado al suelo y, volviéndolas a empuñar, las alzaron al cielo en un gran griterío bélico.
- ¡Espiral! ¡Espiral! ¡Espiral!
Lothan se frotaba los ojos para cerciorarse que todo aquello estaba sucediendo de verdad. ¿¡Mañana!? ¿¡Atacar mañana?! No, aquello no era posible. O estaban locos, o algo muy grave de lo que él durante muchos años no se había percatado estaba sucediendo. Tuvo que sentarse en el suelo y llevarse las manos a la cabeza. Ya no estaba tan seguro que aquello fuera una locura...¿Había estado viviendo en una mentira, engañado, vejado y despreciado por su Señor al que siempre le había debido lealtad?
El archimago volvió a pedir calma para poder seguir con su discurso, pero ahora ya no era tan fácil pedir silencio. Unos murmullos excitados se sucedían por doquier, y algunos rehusaban bajar sus armas, que mantenían al aire con una sonrisa y unos ojos repletos de hambre de gloria y de libertad.
-Mañana atacaremos en el momento más oportuno. Ellos siguen siendo más que nosotros, pues las redes de Agros siguen siendo muy fuertes, pero nosotros tenemos a favor el factor sorpresa. Parte de la infantería atacará por la parte delantera del Gran Palacio, mientras se lleva a cabo la ceremonia de adhesión a Varmal de Lúne. Mientras tanto, el resto de infantería quedareis agazapados en el bosque y también la caballería. Cuando veáis que la lucha da comienzo, vosotros atacareis por los flancos, rodeando al enemigo. Aunque sean más, caerán como moscas, os lo aseguro. No se esperan tal ofensiva - al escuchar de nuevo vítores, con un gesto de impaciencia mandó de nuevo callar a aquellos apasionados guerreros - ¡Recordad! ¡Lúne debe ser secuestrado...con vida! Por motivos que aún desconocemos, Agros está tratando de manipularle y de convertirlo en su brazo derecho, aplicándole conjuros que pueden arruinar su vida y la de muchos. ¡Mañana todos nos reuniremos en secreto en la Cabaña del Vigía, no quiero errores ni pasos en falso! ¿Entendido?
Un Sí rotundo se personó entre aquellas vistosas tiendas, un Sí victorioso.
- Y ahora, sin más dilación os presento a uno de nuestros nuevos miembros, que, aunque aún no se ha decidido a dar el paso, debéis ayudarle a ello con vuestra amabilidad y vuestros buenos y bravos corazones - se produjo un nuevo silencio y, de repente, señaló al enano con la mano, de una manera que rozaba la reverencia - ¡Hermanos! ¡Con nosotros tenemos a Lothan! ¡Al gran artista e intelectual Lothan Lewick! ¡Recibidle como se merece!
¿Cómo? ¿Qué pintaba él allí? ¿Para qué diablos les era útil? Mientras se intentaba hacer más preguntas, de repente, los que le rodeaban lo cogieron en volandas y se lo llevaron hacia el sitial dónde estaba sentado Melack, el cual, discretamente, bajó las escaleras y se retiró. Justo después, el desconcertado enano ya se hallaba sentado en aquel alto sitial, desde dónde podía observar la colina en toda su inmensidad y la marea de guerreros y guerreras que poblaban la planicie y lo miraban con interés y lanzándole gritos de apoyo.
-¡Lothan! ¡Que hable Lothan! - era uno de los gritos más usados.
En una veintena de años, jamás se había sentido tan querido. Había pasado aquellos cinco últimos años totalmente apartado, marginado en un bosque sin hacer nada más que ir, de vez en cuando, a la Cabaña del Vigía, o a dar paseos aburridos por los bosques que le rodeaban. Sí, Agros le había vejado y le había retirado, como a un mueble viejo el cual no sabes dónde colocar. En el fondo siempre había sabido que Agros le había rechazado, porque dentro de la Fortaleza, por alguna razón que a él se le escapaba, ya no le era útil. Ya nunca más había vuelto a escribir, a pintar y a indagar sobre la historia y mitos de Espiral. Todo aquello se había desvanecido, era una luz menguante que iba apagándose e iba trocándose con la noche más oscura. Estaba desapareciendo y él lo había aceptado. En cambio allí, incomprensiblemente, fuera por la razón que fuera, era muy querido. Entonces, sin querer, esbozó una sonrisa y se aclaró la garganta.
- Sinceramente, aún no sé exactamente en qué puedo ser yo útil para ustedes. Sólo quiero deciros unas cuantas cosas que tengo en mente desde hace unos días - el enano balanceaba los pies, nervioso, y se rascaba la barbilla, buscando las palabras más apropiadas - Que he estado desperdiciando mi vida en una Orden a la que creía el estandarte de la Libertad y del Conocimiento. Durante toda mi vida mi mayor objetivo ha sido volver a los tiempos de antaño, cuando los feéricos y nosotros nos dábamos la mano y no pensábamos en diferencias, en guerras ni en divisiones. Y...- carraspeó- he comprendido que la orden de Varmal solamente busca lo mismo que los demás: poder. Quiero daros las gracias por haberme abierto los ojos, y por hacer que vuelva a confiar en algo, en tener fe por algo y en querer luchar y morir por algo - al pronunciar aquel "algo", entre la multitud vio de repente como unos ojos violeta, llameantes, se hallaban clavados en los suyos, con una enorme satisfacción y un amor desbordante. Era Ella. Sí, aquello por lo que luchar, aquello que le había hecho volver a confiar, a creer y a soñar.
Un aplauso entusiasta se extendió por todo, y otra vez, las espadas, las lanzas y los arcos se alzaron sobre las cabezas. La gente coreaba su nombre, pues todos sabían lo importante que era que un personaje de aquella talla, olvidado por la falsa Orden, les apoyara y se involucrara en el nuevo Varmal.
Melack, acto seguido, se colocó, subiendo al estrado, a su lado y le abrazó con dulzura y con una gran sonrisa de oreja a oreja.
- Declaro a Lothan Lewick, bajo juramento de sangre, que a partir de este día se convertirá en el Consejero de Varmal, llamado simbólicamente Druida, recordando aquellos desaparecidos sabios del Mundo Ordinario que siguieron creyendo en el Retorno. ¿Estáis de acuerdo con el nombramiento?
Todos estallaron en aplausos y en un gran júbilo, y así, no hizo falta sondear la opinión de los presentes.
- ¡El enano más virtuoso de Espiral! - gritó uno, arrancando carcajadas de todos los que le rodeaban.
- Entonces procedo a este Juramento - al decir aquello, Melack se sacó una daga de dentro de su túnica y se abrió una pequeña herida en la muñeca. Hecho aquello, extendió su sangre sobre el cabello del enano - ¡Lothan es nuestro nuevo Druida! ¡Viva Lothan el Druida, viva Varmal y viva Espiral!
El enano, en un acto reflejo, alzó los brazos con gran regocijo, recibiendo una vociferante ovación. Aquel había sido el día más feliz de su vida.
Friday, March 26, 2010
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