Friday, March 26, 2010

Fortaleza. Capítulo 4: Festividad.

Para Lothan, uno de los numerosos guardabosques de la Fortaleza, aquella sería una noche muy especial. Aquella noche se celebraba la Festividad de la Luna Nueva, la festividad más importante de la orden de Varmal. En ella se llevaban a cabo, se realizaban, todos los deseos que, por alguna u otra forma, habían quedado reprimidos a lo largo de todo el año. Existía libertad absoluta y ningún deseo, por macabro o indecoroso que resultara, podía ser reprimido de ninguna de las maneras. La única condición para poder entrar en aquella catarsis multitudinaria consistía en ser miembro formal de la Orden, llevar una máscara, cualquier tipo de máscara, y una túnica blanca.

Antes de la Guerra contra los Lamat, esta festividad se veía como una aberración para el resto de órdenes. Por esta razón se celebraba en un lugar secreto, elegido a conciencia un año antes, alejado de cualquier población humana. Solían elegirse lugares de Energías Abiertas, o sea, profundamente ligadas al Mundo Feérico sin necesidad alguna de penetrar en él. Como curiosidad, Varmal, a diferencia del resto de órdenes, celebraba el principio de la Primavera con la luna nueva, una luna ausente en el cielo. Por eso a Varmal también se le llamaba, aparte de la Orden Maligna o Condenada, la Orden de la Luna Negra, lo cual hacía que su leyenda oscura, mistérica y tenebrosa se incrementara.

Cada año, al tener ahora que celebrarse en el interior de la Fortaleza, la festividad se celebraba en la zona más recóndita del robledal del nor-oeste, solamente alumbrada por unos pocos faroles y varias hogueras de gran tamaño. Como solamente a los miembros de Varmal se les permitía la entrada a dicha Festividad, el lugar dónde se celebraba el evento era rodeado y encerrado por una gran cerca de madera, guardada por los aspirantes más veteranos para entrar en la Orden, comúnmente llamados pre-miembros (la palabra más culta, Velir, se dejó de usar hace unos siglos y ahora se usa esa palabra tan común. Los miembros de Varmal en cambio son llamados Veliren).

A la Fortaleza no solamente habían emigrado y huido de la Guerra familias vinculadas a otras órdenes, sino también muchas procedentes de los territorios vinculados a Varmal. Además, como todas las familias no vinculadas a Varmal se habían quedado sin orden debido a la destrucción producida por los monstruos feéricos, algunas de ellas habían decidido convertirse en aspirantes a miembros de Varmal y ya algunos adultos habían conseguido convertirse en miembros formales. Por eso aquella noche las túnicas blancas, contrarias a las negras que llevaban todo el año, y las máscaras eran abundantes, casi como en los años florecientes de la Orden de hace un millar de años.

Mientras se acercaba hacia el tenebroso y neblinoso robledal, Lothan ya escuchaba risas y gritos de júbilo lejanos. El viento también le traía las melodías sencillas de los juglares que animaban y daban colorido a los estrechos y escasamente iluminados senderos que llevaban a la cerca. Lothan se sentía ya sumamente excitado. Desde que hacía de guardabosques la vida se había convertido en una terrible rutina, en una pesadilla traducida en aburrimiento. Se sentía vacío, solo y cansado y se pasaba todo el año esperando aquella noche de frenesí y de locura multitudinaria.

Al fin, después de haber caminado un buen rato, llegó a una de las siete puertas de la Cerca custodiada por uno de los aspirantes a miembro de la orden, un joven alto y delgado, ataviado con la sobria armadura de los guardianes de Varmal antiguamente dedicados a la protección de la Orden contra los Lamat y contra la hostilidad de las otras Órdenes contra ellos, que ya duraba muchos siglos.
La armadura era toda negra con ribetes rojos en los costados, y el escudo de Varmal bordado en el centro de forma cuidada y perfeccionista. A aquel jovencito, en cambio, lejos de darle un porte épico y majestuoso, le quedaba ridícula y grande. Se extrañó al observar que aquel niño estuviera a punto de convertirse en miembro formal de Varmal. Se dirigió hacia él, con curiosidad, y le habló mientras con un gran jolgorio el resto de miembros entraban atropelladamente en la Cerca, ávidos de placer y de festividad. Entre el griterío de la muchedumbre era ya complicado hablar con normalidad así que tuvo que alzar algo la voz para dirigirse a él.

-Oye, muchacho - dijo, con una sonrisa de oreja a oreja - nunca antes te había visto por estos lares. ¿Cuál es tu nombre?

La mirada de aquel joven apenas cambió de expresión y, simplemente, bajó algo sus ojos grises para dirigirse a su interlocutor con una mirada gélida, como si repleta de nieve estuviera.

-Eso no es de tu incumbencia. Pasa.

-Oh, vamos, un poco de alegría jovencito. ¿Sabes qué día es hoy? Tú dentro de poco tiempo podrás disfrutarlo. A muchos niños como tú aun les quedan años antes que puedan ser pre-miembros de Varmal.

-¡Que te digo que pases, enano! - dijo aquel joven, cambiando ya ligeramente de expresión. Su cara ya denotaba algo cercano al hastío y al odio, o a las dos cosas mezcladas.

Y así era. Lothan era enano. Enano de nacimiento. Medía solamente 1,20 m. de altura y eso, lógicamente y para qué negarlo u obviarlo, le había traído siempre problemas desde bien pequeño. Había nacido dentro de los territorios de la Orden de Mëra, la mítica Orden astronómica llamada comúnmente la "Orden de las Estrellas". Lothan desde muy pequeño tuvo una gran pasión por la pintura, y ya desde los 4 años empezó a pintar sencillos oleos. Su padre, pintor solamente por afición, le enseñó las bases de la pintura y ya desde siempre mantuvo una forma de pintar muy original e independiente. Su pintura, muy reconocida más adelante por todo el mundo espiral, nunca fue bien acogida por la Orden de Mëra. Lothan nunca tuvo un interés especial por la astronomía, pues lo veía como una ciencia insulsa, sin sentido y aburrida. Prefería fijarse en las cosas cotidianas y del día a día que en estrellas a miles de años luz de la Tierra. A esta falta de interés se le añadía su enanismo, que era objeto de burla tanto por sus compañeros como por los mismos adultos y profesores. Muchas veces traía pinturas a la clase para enseñárselas a sus compañeros y se las rompían o el profesor se las requisaba para luego tirarlas a la basura sin ninguna contemplación. Pronto empezó a sentirse insignificante, solitario y decaído pese a ser un joven jovial y enérgico.

Sin embargo, su vida dió un giro radical cuando su familia, por motivos laborales, tuvo que trasladarse a los territorios de la Orden de Varmal. Allí desde el principio le acogieron con los brazos abiertos y pronto su pintura fue muy bien acogida tanto por los miembros de la Orden como por el resto de los habitantes. Pronto, a los 20 años, se convirtió en miembro formal de la Orden y se convirtió en uno de los miembros más carismáticos y queridos, teniendo mucho valor además sus aportaciones tanto en el Arte como en sus conocimientos de cultura y tradiciones ancestrales. Incluso llegó a escribir un libro sobre los ritos perdidos del mundo espiral, en el que se basaron para añadir en el calendario dos festividades sagradas más. Su libro llegó a ser un libro de cabecera para toda la Orden.

Aún así, otra vez los problemas llegaron a su vida cuando 5 años atrás los Lamat empezaron a asolar el Mundo Espiral. Su entrada a la fortaleza le dejó en una posición nuevamente poco valorada pues ya no había tanto tiempo para el ocio ni para la contemplación. Sus pinturas, luminosas y enérgicas casi todas, en un mundo desolado perdieron interés y pasaron a ser olvidadas en un corto período de tiempo. Así pues, fue destinado como guarda forestal en el norte de la fortaleza, de alguna forma para quitárselo de encima. Pero no les guardaba rencor. Sabía que ahora aquel era su papel y que a pesar de todo siempre le debía lealtad y gratitud a Varmal.
Ahora la única festividad del año era la que se llevaba a cabo aquella noche y era su única ocasión para reunirse con sus antiguos compañeros de orden y para conocer alguna mujer, pues siempre había sido desafortunado en cuestiones amatorias.

-Hace ya 30 años que sé que soy enano - replicó Lothan, sonriente - pero me halagas por reconocer mi físico y decírmelo a la cara. Al fin y al cabo soy diferente a los demás y eso me hace feliz.

El joven no contestó y siguió mirando hacia adelante, sin inmutarse y con el semblante frío como una piedra.

-¿Qué ocurre Lúne? ¿Hay algo que te preocupa?

El joven de repente, en un impulso, agarró su lanza y la colocó en el cuello de su interlocutor. Sus ojos eran fieros y su cara se había enrojecido súbitamente, como por arte de magia.

-¡¿Cómo demonios conoces mi nombre?!

-¡Hey! ¡Baja el arma jovencito! Todos en la orden de Varmal conocemos tu nombre, así como todos los nombres de los aspirantes. Pero tú por tu edad ya eres famoso en la orden. Como lo has hecho y qué has hecho para conseguirlo, eso sí que no lo sé. Pero algo tendrás que a ellos les interesa, ya sabes. Yo en cambio, ya ves, estoy olvidado por todos, pero bueno, poco me importa ya. Le estoy cogiendo gusto a esto de convivir con mi soledad y con mi pasado - dijo esto sin ponerse nervioso ante la amenaza del joven con su lanza y mirándole a la cara desde la diferencia abismal de estatura que había entre ambos. Su rostro sin embargo, se había tornado más amargo.

-Y ahora déjame pasar, chico. Pronto nos volveremos a ver - con suavidad, bajó el arma de Lúne con su mano derecha y pasó a su lado andando con paso renqueante y una recobrada sonrisa ante las expectativas de aquella magna fiesta. Lúne se giró y lo vio alejarse. Había algo en él que le había llamado la atención, pero no sabía qué. Pero siguió estoico en su puesto y vacío de alma.

Y nada le importaba, realmente.

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Una vez Lothan entró en el interior de la Cerca, la noción de distancia y la noción de tiempo cambiaron radicalmente. Observó una extensión enorme de praderas y pequeños montículos del color de la esmeralda que brillaban encendidos por cientos de hogueras solitarias, dispuestas en varios kilómetros a la redonda. Con gran satisfacción se colocó su máscara parcial, una curiosa y pequeña máscara de zorro. Siguió andando por un camino empedrado, entre decenas de vociferantes y alegres miembros de la orden que se daban palmadas en la espalda, brincaban, danzaban y se besaban. El sendero empedrado brillaba pulcro bajo sus pies, como si nada pudiera mancharlo jamás, aunque arrastraras tus pies llenos de fango por encima. Instintivamente miró hacia atrás y su asombro fue mayúsculo. Una gran extensión de montañas y bosques se extendía más allá del horizonte y a lo lejos, en las lomas, observaba a grupos aislados de Veliren que se dirigían hacia la celebración con antorchas. La cerca había desaparecido. Sin duda, aquel año los archimagos de Varmal habían creado un prodigio digno de los memorables tiempos del Nacimiento, cuando la orden de Varmal era joven y la sangre bullía más caliente que nunca. Sin más dilación, siguió andando por aquel precioso sendero el cual llegaba a una bifurcación de caminos varios cientos de metros más adelante.
Justo en el centro de aquella bifurcación, desde dónde partían tres caminos uno hacía el norte, otro hacia el este y otro más hacia el oeste, se alzaba un enorme ciruelo florecido, cuyas hojas caían gráciles, flotando como si quisieran despertar una poesía terrible y bella en su pronta muerte. Bajo el árbol un trovador galantemente vestido con ropajes de un azul claro y brillante recitaba sus poemas acompañándose con un laúd finamente decorado con delfines y barcos estilizados bailando bajo y sobre olas que dibujaban espirales violeta. Llevaba puesta una máscara de ciervo, con dos enormes cuernos incorporados. Una pequeña congregación de miembros lo escuchaba sentado, varios de ellos fumando en pipa, otros con copas de vino especiado en la mano y algunos otros sencillamente estirados junto al camino, en la hierba.

-...pues la lluvia dorada
se filtra dentro de nuestros miedos
tres sendas y solamente una
será la afortunada
de acoger a otro de sus hijos.
El sello se abre en el interior
del misterio
Los caminos pueden separarse
pero algún día vuelven a su cauce
juntos.

¡Danzad hoy bajo la terrible
oscuridad!
Vuestros deseos permanecen
escritos en mi gentil laúd.
Regocijaros ahora
el tiempo es una ilusión
y aquí vosotros sois
esa ilusión.

A Lothan aquella canción le relajaba de una forma inaudita y, al mismo tiempo, le encendía el alma a fuego lento. No podía evitar sonreír y abrir más los ojos. Sus piernas no respondían, flaqueaban pero en el fondo las sentía llenas de energía, fuertes como el tronco de aquel ciruelo. Sin querer esperar un solo instante se decidió por seguir el camino del Oeste.

El Oeste siempre le traía buenos recuerdos.

Hacia allá se dirigió, y pudo observar que el mismo camino lo había tomado una delgada y menuda joven ataviada con una bella máscara de Yrissi, las hadas pálidas como solían llamarlas los humanos antiguamente. La máscara sin embargo solamente le tapaba parte de su rostro, y tras ella se veían unos ojos de color violeta muy expresivos igual que una boca de piñón que parecía cincelada por un artesano feérico.
A ambos lados del nuevo sendero, ahora repleto de flores de loto que despedían una fragancia inexplicablemente maravillosa, se alzaban enormes pinos de clima templado sobre las cuales había encendidas linternas con forma de caballito de mar enroscado. La luz era profundamente azulada, de un azul tremendamente oscuro que casi rivalizaba con el negro. Así pues, aquellas pequeñas linternas convertían todo el ambiente y también sus propios corazones en aquel azul que parpadeaba armónicamente por la breve influencia de un viento perfumado por aquellas flores que hollaban.

Lothan se dirigió hacia aquella muchacha que le precedía, totalmente despojado de los límites que marcaban su propio Yo.

-Todo se mueve dentro de mí como si en mi interior se albergara un profundo océano de sensaciones inexplicables, pero conmovedoras y apasionantes - habiendo dicho eso, se puso a su lado andando a un paso más relajado, y miró hacia su rostro. El magenta relajaba aún más sus delicadas facciones, su belleza intrínseca. A Lothan se le cayó una lágrima - Tú le das sentido a todo lo que rodea este lugar. Eres la Esencia, la Reina perdida de las Yrissi que eternamente buscarán.

La joven no pareció ruborizarse al escuchar aquellas galantes palabras. Más al contrario. Le devolvió una inocente sonrisa y muy coqueta se echó sus largos y rizados cabellos de color negro hacia atrás. Un resplandor rojizo empezaba a entreverse en el horizonte, un tenue resplandor que lo cubría todo y se mezclaba con delicadeza con aquel intenso color dentro del cual estaban inmersos.

-Yo me siento como un capullo que de repente se ha abierto para siempre al amor, a la pasión, a la armonía y al placer - dijo ella, acariciando con fragilidad los cabellos cobrizos de Lothan sin por eso dejar de andar hacia aquella luz carmesí - Siempre te he admirado, Lothan, eres el poeta que moldea mis pensamientos con unos colores perdidos en las profundidades del paraíso onírico. Te amo.

Y así se dieron la mano, sin más, como si aquel impulso fuera tan obvio que no albergara otra importancia. Los simbolismos habían desaparecido pues no hacía falta explicar nada. La intuición reinaba y, juntos, subieron una pequeña loma ya ligeramente encendida por unos rojos que danzaban con las sombras de los últimos pinos que ya iban desapareciendo en pos de grandes arenales poblados por aisladas encinas.
Justo cuando remontaron la loma se encontraron con un espectáculo que les volvió a moldear sus sentimientos sin que ellos fueran conscientes de ello. Sobre una gigantesca playa que abarcaba kilómetros y kilómetros de una arena negra y fina, había encendidas un número inabarcable de hogueras con músicos tocando por todas partes y Vermel bailando alrededor y sobre ellas, cuenta cuentos que, aparcando las guitarras, interpretaban a héroes legendarios con magnífico brío. Otros hacían el amor sin ningún pudor, organizando grandes orgías y, jugando con un silencio benévolo, gritaban sin disimulo.
Pero lo que más impresionó a Lothan fue observar como cientos de enormes barcos de vela flotaban alrededor de toda la costa. Largas escaleras de plata llevaban a cada uno de ellos, los cuales estaban atestados de Vermel bebiendo en grandes cuernos, riendo y cantando. Parecía además que en los camarotes había actividad, pues en las pequeñas ventanillas que daban hacia el vasto mar se podían entrever vagas luces amarillas y sombras que oscilaban suavemente en el interior. Los dos amantes se miraron bajo sus máscaras, ahora pudiendo discernir mejor sus ojos y entendieron al instante el deseo que tenía el uno por el otro.

Así pues, y sin más dilación, bajaron la loma corriendo, con rapidez, con una amplia sonrisa en sus rostros. Gritaban sin saber realmente qué decían, aunque aquello era lo que tenía menos importancia en aquel momento. Se dirigían a aquellas preciosas escaleras argentinas que llevaban a uno de aquellos imponentes barcos que flotaban cerca de la costa y, en vez de sortear las hogueras que obstaculizaban su camino, saltaban sobre ellas mientras que el resto de Veliren les aplaudían con entusiasmo alegres por ver aquel arrojo pasional que llevaban los dos nuevos amantes.

Finalmente llegaron a las estrechas escaleras de plata, las cuales albergaban a ambos lados unos bellos arrambadores de madera oscura decorados con dibujos de vivos colores que representaban bellas escenas de naturaleza indómita: árboles frutales, montañas nevadas con grandes nieblas, solitarios desiertos con dunas que se perdían en los horizontes y junto a ellos se entremezclaban otros dibujos que representaban escenas trovadorescas en las que aparecían dibujados con rasgos impresionistas bardos vestidos con trajes de gala tocando música para bellas damas semi-desnudas con túnicas azules, blancas y violetas. Junto a ellas también aparecían seres feéricos danzando junto a hogueras, andando sobre las copas de los árboles y besándose mientras correteaban sobre los ríos y entre las colinas esmeralda. Al ver aquello, los ojos de Lothan se maravillaron y su corazón se aceleró. Tan rápido corría hacia el gran barco varado que la complejidad y la gran cantidad de pinturas dejaban impresiones tan diferentes y arrebatadoras en su interior que aquellos colores frescos parecían cobrar vida creando una amalgama en sus sentimientos diversa que no podía discernir con claridad.

Justo al pisar la cubierta del navío, Lothan abrazó a su compañera a la cual solamente le llegaba al ombligo, y empezaron a danzar y a dar vueltas chocando a menudo con otros vermel algunos tambaleándose borrachos blandiendo grandes cuernos repletos de vino especiado y otros sencillamente fornicando sobre dicha cubierta forrada de madera de sauce. Abajo, en la zona de los camarotes por la que se accedía a través de una gran trampilla forrada de platino, se oían risas y música adornada con violines, gaitas, flautas, arpas, acordeones y guitarras. Aquello era todo lo que Lothan había soñado durante toda su vida. La jovenzuela, después de danzar durante media hora sin parar de reír, cantando y besándose en los labios, llevó al enano hacia proa. Una vez allí se desvistieron a toda prisa, con un súbito y enorme arrebato lujurioso que les proporcionaba el olor a salitre que arrastraba el templado viento marino. Algunas golondrinas despistadas, pues era ya de noche, aún cantaban sobrevolando sus cabezas, aquel reconocido sonido que evoca el comienzo de la victoria de la luz sobre la oscuridad, una oscuridad siempre adorada por su Orden. La Luna Negra, de hecho, simbolizaba el triste comienzo que suponía para Varmal la primavera y la siguiente etapa, el verano. Era tiempo de despedir la amada negrura, las largas noches evocadas mágicamente por los sueños de los seres feéricos.

Ambos se tumbaron en el suelo, y una vez uno encima del otro, la joven agarró el miembro de Lothan bajo su blanca túnica y empezó a moverlo con un movimiento ascendente y descendente. Se besaban con fuerza y a Lothan le parecía como si su alegría fuera tan gigantesca que su mente ya no pudiera soportarlo más y muriera abrumado por la maravilla y el deseo. Moría en deseos de poseer a aquella joven y de emborracharse con su belleza hasta morir. Estaba preparado para ello.

El barco, bajo la sorpresa de Lothan, zarpó y levó anclas, pero aquello no le importaba ahora lo más mínimo e incluso le llenaba aún más de regocijo. Ahora aquella brisa marina era más intensa y dejaban atrás los rituales fuegos y la alegre música. ¿Hacía donde se dirigirían? Si aquella fiesta de cada vez era más mágica y sublime, quizá se dirigirían a un lugar aún mucho mejor, pero tampoco le importaba. Donde querría morar siempre era junto a aquella joven con el rostro parcialmente escondido bajo aquella preciosa máscara.

Mientras seguía estimulando su pene, ella le sonreía y sus ojos violeta brillaban con frescura, como si con solamente una simple mirada se bañara en una límpida fuente repleta de suaves silencios que le acariciaban un amor renovado, un renacimiento jamás soñado y una dicha sobrenatural que le hacía sentirse eterno junto a ella. Eran ya solamente una persona, fundidos en un arrebato más intenso que los colores que el Sol deja al ponerse en el horizonte. Mientras él le acariciaba ya su vagina y le metía dos y tres dedos en su interior con delicadeza y sin pausa y le estimulaba el clítoris con el pulgar, ella gimoteaba con una sonrisa entre virginal y maliciosa a la vez, pidiendo con su mirada que no parara.

Diez minutos más tarde, después de unos intensos preliminares, ambos se desnudaron completamente. Sus senos, ¡Oh! Aquellos dos pequeños senos eran como dos flores de azahar abiertas, apuntando hacia las estrellas que los adoraban, pues dos flores como aquellas jamás vieron los pálidos astros sobre ningún otro sitio en el vasto universo. Si alguien le hubiera dicho que aquella mujer era la hija de dos bellos Yrissen, cuya belleza era legendaria en los cuentos que se narraban sobre ellos y cuyas mujeres pálidas se deslizaban grácilmente dentro de los manantiales que contenían un líquido cristalino llamado Irem, un líquido que bebido por un mortal tenía un sabor tan bueno que este moría porque el alma al sentirse ya plena para siempre se desligaba del cuerpo, lo hubiera creído sin dudarlo un momento.
También se decía que este líquido simplemente era la imagen y la respuesta que daba la naturaleza a la pureza blanquecina de aquellas jóvenes y ahora Lothan, al observarla con detenimiento, se daba cuenta que aquella leyenda podía ser cierta.

Colocándose sobre ella de nuevo la volvió a besar, esta vez detrás de las orejas y en su cristalino cuello que sabía a aroma de violetas caídas, dormitando en un lago. Sin poder aguantarse un minuto más, decidió susurrarle al oído en un tono de voz varonil y sereno que él jamás había tenido y que no reconocía en él mismo.

-¿Cómo te llamas?

Ella entre pequeños gimoteos lo miró a los ojos, esbozando una complaciente sonrisa y abriendo aquellos violáceos y grandes ojos infantiles que aún le hacían acrecentar más y más su deseo.

-No lo recuerdo. Poséeme - contestó, con ligera impaciencia y abriendo poco a poco aquellos finos labios que dibujaban un corazón carmesí.

Lothan, sin más dilación, la agarró con fuerza por la cintura acariciándole unas duras y respingonas nalgas que le ofrecían un tacto cercano a lo que se siente cuando se acaricia un pedazo de seda del país de Rone. Colocó el pene a la entrada de su vagina y, de repente, un sonido casi imperceptible de campanas sonó provinente de estribor y fue haciéndose cada vez más audible a los pocos segundos de escucharlo por primera vez. Sin apenas darse cuenta, la joven lo había empujado a un lado con violencia, se había levantado como un resorte, y había recogido su toga vistiéndose de nuevo. Habiendo hecho esto, le ofreció la mano a Lothan para que se levantara.

Lothan no cabía en su sorpresa.

_Pero...¿no íbamos a...?

-Cállate, ven conmigo a babor y cuando veas el tren pasar salta conmigo. No des un paso en falso, te lo advierto - la mirada de aquella joven había cambiado por completo, tornándose dura, fría y severa. Y mientras tanto, Lothan se quedó con una erección casi insoportable, una erección dolorosa. ¿Por qué le había rechazado? ¿Por qué?

El enano tenía ganas de llorar, no comprendía nada.

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La joven, con una fuerza descomunal que jamás Lothan hubiera imaginado, arrastró al enano hacia babor. La joven le sonrió, o fingió sonreírle. Si lo fingía actuaba muy bien.

-¿Qué pasa, preciosa? ¿Hay albergadas aún gratas sorpresas dentro de este tren? - Lothan la miró esperanzado, intentando reconducir el sentimiento de amor absolutamente cortés y sensual que había precedido a aquel estado tan extraño de su compañera.

-Vamos a ver, idiota - susurró la joven con una voz oscura, observándole inquisitivamente y entrecerrando ligeramente sus ojos violeta y sin dejar de sonreír en ningún momento - Ahora aquí no puedo decirte nada, hay más oídos y más hipocresía que la que eres capaz de imaginar en este mundo "onírico y perfecto" - añadió, con tono de sorna - Así que cállate de una vez y espera - le dió un pequeño cachete en la cara, que oscilaba entre cariñoso y violento - Te estoy haciendo un favor, mequetrefe.

Lothan se quedó sin habla ante aquel lenguaje tan extraño. ¿Qué diablos le estaba ocultando? Además un tren...Los trenes dejaron de funcionar, según sus conocimientos de historia, hacía 500 años por consenso entre las órdenes, pues con el uso del carbón el aire se tornaba dañino para la armonía con la naturaleza y rompía sus leyes. ¿Qué significaba aquello? ¿Para qué y por qué un tren creado con magia?

Súbitamente, el singular ruido de campanillas rodeó el navío y pasó justo bordeando babor. Lothan se asomó por la borda, ya que si era un tren era obvio que no estaba iluminado por dentro: no veía rastro de él, esperando que el tren se detuviera y aparecieran unas escaleras que lo llevaran hasta él, quizá unas escaleras esta vez forradas de bronce, quien sabe. Lo del salto seguramente era una broma amarga de aquella angelical joven que ahora se le antojaba un demonio de sutil y terrible belleza. Lothan se rascó el miembro, ahora ya en un estado de semi-erección y se lamentó de nuevo sobre aquel extraño rechazo al que había sido sometido.

Se sentía despreciado y engañado.

Intentando despejar sus dudas y su tristeza siguió fijándose en el oscuro mar esperando ver aparecer aquel tren silencioso, aquel tren mágico que se deslizaba por las aguas. Seguro que aquello le alegraría de nuevo la noche y volvería a darle esperanzas.
Sin embargo, bajo su sorpresa, escuchó que las campanas pasaban justo delante de donde ellos estaban situados, a 10 escasos metros de la borda. No vio nada, absolutamente nada, solamente un horizonte con la costa poblada de hogueras ya lejanas. Se enjugó los ojos mientras el sonido de las campanillas empezaba a alejarse hacia la derecha.

_Oye...- espetó, girándose hacia la joven, la cual restaba impasible observando con una mirada de extrema concentración y con los ojos abiertos de par en par mirando como el supuesto tren pasaba de largo. Sus extrañamente perfilados labios en forma de corazón murmuraban en silencio una especie de salmo que Lothan, a pesar de estar a su lado, era incapaz de escuchar - ¿Estás rezando, o acaso es un conjuro?

La joven, de improviso, agarró al enano con una insólita fuerza y, colocándoselo en la espalda como si de su hijo se tratara, hizo carrerilla, se dió impulso y saltó con agilidad hacia el mar solamente poblado del reflejo diluido de las estrellas.
Lothan cerró los ojos, paralizado por el miedo. ¡Iba a morir!
A los pocos segundos, sin que tuviera tiempo de pensar nada más, sintió que su cuerpo flotaba en el aire totalmente inerte, sin fuerzas para mover absolutamente ninguna parte de su cuerpo. Flotaba en una especie de espeso líquido tibio y grisáceo en silencio, sin ni siquiera escuchar su propio latido. Era un silencio absoluto que jamás había sentido. Lothan no sabía nadar y, por contra, podía respirar con normalidad. No habían caído en el mar, de eso no había ninguna duda pero...¿Qué era aquello? Miró a su alrededor y no vio a nadie, solamente aquella espesura gris que lo inutilizaba. ¿Habría caído en el gran Vacío feérico del que se hablaba en las leyendas? ¿Estaría así flotando en aquel sitio eternamente? Solamente de imaginárselo se mareó y, en seguida, perdió la conciencia.

-¡Lothan! ¡Lothan!_escuchó los gritos de una mujer con un ligero tono de preocupación - ¡Por la Espiral Eterna!...Espero que haya resistido al Paso...¡Lothan!

El enano abrió los ojos con pesadez y rápidamente, con un espasmo de miedo, se sentó como un resorte en un firme suelo sin fijarse aún en el ambiente que le rodeaba. La cabeza le daba vueltas y se puso una mano en la frente, tratando de no desmayarse. Una vez volvió a entrar en contacto con la realidad, vio a aquella joven ya sin máscara, con el rostro completamente descubierto aún vistiendo su túnica blanca. Sus ojos violeta resplandecieron de nuevo como hicieran antes de oír las campanillas y le abrazó con efusividad.

-¡Gracias a las Hadas! ¡Has sobrevivido al Paso! Levántate y vayamos a sentarnos. Como puedes observar el tren está vacío, así que tenemos sitios de sobra para elegir.

Iban dentro de un tren. Obviamente, jamás había estado dentro de uno de ellos. Estaba dividido por varios compartimentos y pintado enteramente de verde y blanco sin ninguna luz brillando dentro a excepción de un solitario farol situado en medio de la gran máquina, entre los dos compartimentos centrales. Unos grandes cristales separaban el interior del tren con el exterior, pero fuera no se veía una sola luz. Era todo negro como el azabache más oscuro, como si hubieran entrado en un túnel. Aún así, se sentía dichoso de volver a poder mover su cuerpo y así se levantó y siguió a la joven a lo largo de un pequeño pasillo que llevaba hacia los compartimentos de delante. Andaba desorientado, como si estuviera en un extraño sueño. Su razón no era capaz de analizar nada, solamente el hecho empírico de estar vivo.

Al sentarse en el compartimiento, en un pequeño sillón verde y aterciopelado, observó ya con más detenimiento a su compañera la cual lo miraba con un rostro mezcla del alivio y la preocupación, sentada justo ante él. Tenía unas facciones bastante duras aunque no exentas de belleza. Su nariz era un poco larga y puntiaguda, los pómulos bastante altos, la frente ancha y una barbilla bastante pronunciada, lo cual le daba una apariencia de severidad. De hecho, lo único que le confería feminidad eran aquellos ojos infantiles de largas pestañas y aquella boquita con forma de corazón.
Lothan ya no pudo esperar más, respiró hondo para intentar tranquilizarse y despejar la mente de todo lo que había pasado en aquellas últimas horas y miró a aquella mujer con serenidad. Cuando abrió la boca, la joven decidió hablar antes, haciendo un ademán con su mano derecha pidiéndole turno para hablar o, más bien, exigiéndolo.

-Tú Lothan, que eres tan sabio, sabrás por qué se fundó la Orden de Varmal - dijo sonriendo ligeramente y cruzando sus voluptuosas piernas lentamente, mirándole con cierta ironía - De hecho, lo sabes de sobra.

-¿Por qué me haces una pregunta tan obvia? - preguntó Lothan, encogiéndose de hombros.

La joven lo miró con seriedad y con un toque de molestia en sus ojos.

-Bien, entonces responderé por ti y así iremos al grano. Varmal, como bien recuerdas, fue la primera Orden que apareció en el Mundo Espiral después del Retorno, creada por Féntar. Pero pronto se separó del resto de Órdenes que la precedieron creando un cisma que dura hasta hoy en día, porque se consideraba que las órdenes en Mundo Espiral, así como funcionaban, iban en contra del equilibrio necesario con el Mundo Feérico. Cada Orden, como ahora, tenía su propia función: unos se dedicaban a la astronomía, otros a la poesía, a la ciencia...funcionaban como sectas con un sistema piramidal. Eran sociedades de poder, mientras que la banalidad y la mediocridad iba haciendo mella en el resto de gente no vinculada con la orden o de rangos menores y se temía otra vez por los Lamat. Bueno - la mujer hizo una pausa, adoptando un tono sarcástico - siempre los hemos temido.

Lothan apoyó la cabeza contra el cristal, cansado de escuchar aquella historia. Disimuló un bostezo.

-Esa historia ya la conocemos todos. Varmal no desempeña ninguna función específica y se basa en la Libertad como principio que la rige. Todos sabemos también que el Mundo Espiral fue creado por los seres feéricos para que nosotros, sus seres soñados, tuviéramos un lugar dónde poder vivir en armonía y con cercanía a nuestros creadores, interactuando con ellos para goce de los dos.
Pero empezaron las guerras por el poder y los asesinatos. Nos olvidamos del mundo feérico y empezamos a considerarlos seres innecesarios y molestos para nuestras aspiraciones. Al observar que éramos incapaces de vivir en un mundo con magia y preparado para que viviéramos junto a ella con armonía y con respeto, se creó un tercer mundo alejado de nuestros creadores, el Mundo Ordinario, para que así no influyéramos en la magia del mundo feérico y volviéramos a tener añoranza de ellos sin poder contactar con ellos. Féntar, como bien dijiste ya, miles de años después, finalmente abrió el portal junto con otros archimagos que trabajaban en la oscuridad y así volvimos a nuestro mundo original de nuevo, los pocos que conseguimos huir de ahí. ¿Pero hacia dónde quieres llegar con toda esa historia archiconocida por todos?

La joven se sentó junto a él y lo rodeó con un brazo. Su mirada era penetrante y dura como las rocas frías en invierno.

_Lothan, Varmal está corrupta por dentro - dijo, con un tono de voz apagado y rodeado de misterio - Estamos al borde del colapso.

_¿Qué me quieres decir con esto?

La joven le acarició el cabello con suavidad y melancolía, mirándolo con una mezcla de desdén y de piedad.

-Agros es el responsable de esta guerra, Lothan. Ha hecho un pacto con los Lamat.

Lothan echó la cabeza hacia atrás y estalló en carcajadas.

-¿Quien te ha comido la cabeza con toda esa basura, bonita?

-Abre los ojos de una vez Lothan. Agros ha matado a miles, a millones de personas gracias a un pacto con esos seres feéricos que están a favor de la expulsión de la humanidad de nuevo al Mundo Ordinario. Él les habrá prometido algo que aún no sabemos, quizá la desaparición de todas las Órdenes a cambio de un poder absoluto sobre el Mundo Espiral.

-Esto es ridículo - Lothan se rascó la cabeza, dubitativo, aún manteniendo una media sonrisa - Por si no lo recuerdas, es la Orden de Wail y el resto de Órdenes que permiten su supremacía y su poder las culpables del retorno masivo de los Lamat y del peligro a sufrir un nuevo Exilio hacia el Mundo Ordinario.

La joven se levantó con tranquilidad y se volvió a sentar delante suya con el semblante relajado, como si hubiera esperado aquella reacción por parte del enano. Ante la provocación del enano, su voz no ganó en intensidad. Al contrario, pareció más débil, más profunda.

-Lothan, ¿Quien eres tu ahora? Ahora no eres nadie.

-Soy un guardabosques

-¡Jajajajaja! Eres un estorbo para ellos Lothan. Ellos están formando un auténtico ejército gracias al incremento de miembros causado por el exilio masivo de gente que huyó de los Lamat. No eres nadie Lothan, en cambio si vienes con nosotros volverás a ser quien eras

Lothan quedó ligeramente turbado ante aquella proposición.

-Aunque no me vea cómodo con mi actual situación, le debo lealtad a mi señor Agros. Tendrá sus razones para haberme apartado. Por cierto..._carraspeó, ligeramente nervioso_¿Cómo pruebas todo lo que dijiste antes? - aunque Lothan no creyera nada de lo que decía, había algo allí que lo intrigaba, que lo turbaba, y era el aplomo de aquella joven, el saber estar y su actitud segura ante todo lo que le había dicho.

-Reúnete con nosotros el próximo día que nos reunamos. No te preocupes, sabré encontrarte - la joven le guiñó un ojo. Lothan miró hacia la ventana aún totalmente oscura a pesar que el tren se movía parecía que con velocidad a tenor del ruido intenso de la máquina. Su rostro había enrojecido totalmente. La mirada de aquella joven, sus palabras, su voz, la forma que tenía de andar, incluso de sonreír...Creía haberse enamorado y era un error. Un error que, no obstante, era imposible de reparar.

-No puedo hacer esto - dijo él sin todavía atreverse a mirarla por más tiempo - Soy leal a Agros, le juré lealtad de por vida. Además...¿Nosotros? ¿Quienes sois?

_No te diré nada más, querido Lothan. ¿Quieres volver a verme? Responde. Si no vienes con nosotros, jamás volverás a verme.

Lothan se agarró las manos y empezó a acariciárselas intentando calmar los nervios. Estaba sudando bastante y aquello se notaba. Claro que quería volver a verla...pero el precio era muy alto. No...quería verla de nuevo, necesitaba verla, moriría si no la pudiera ver nunca más.

-Por supuesto que quiero verte de nuevo - dijo, mirando hacia el suelo tremendamente sonrojado - Pase lo que pase.

La joven se acercó a él, se arrodilló y se abrazó a él de forma efusiva. Se besaron.

-Lothan, en unos minutos volveremos a dar el Paso. Estoy tan contenta de tenerte junto a mí...

Lothan empezó a sollozar. Sentía vergüenza por llorar ante una mujer, pero tantos sentimientos habían pasado por su corazón que ya no lo pudo evitar más.

-¿Por qué, por qué me rechazaste antes? Dímelo...

-No, Lothan, te equivocas, lo hice por tu bien.

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